Paula esperó a que Pedro colgara el teléfono antes de preguntar:
-¿Qué vamos a hacer ahora?
Pedro le dedicó una sonrisa tranquilizadora. -Podemos esperar aquí un rato más. Deberíamos...
La sonrisa se borró de su rostro. Volvió la cabeza repentinamente hacia la ventana, como un animal que hubiera captado alguna señal de peligro.
-¿Qué sucede? -preguntó Paula, poniéndose alerta.
Pedro se dirigió con sigilo hacia la ventana y alzó la cortina lo justo para echar un vistazo al aparcamiento.
-Tenemos que irnos --dijo dejando caer la cortina-. Ahora.
El corazón de Paula dio un vuelco mientras Pedro la tomaba de la mano con evidente urgencia.
-¿Qué has visto ahí fuera?
-El mismo coche que nos ha seguido antes. Acaba de pasar junto al mío. Estamos a punto de tener una compañía que no deseamos -Pedro se movió hacia el baño mientras hablaba, tirando de Paula.
-¿Cómo han podido localizarnos?
-No sé... oh, diablos.
Ella lo miró con cautela.
-¿Qué?
-Tu teléfono tiene identificador de llamadas.
No fue una pregunta, pero Paula asintió de todos modos.
-Sí.
Pedro masculló una maldición, aparentemente dirigida a sí mismo. Luego volvió a tirar de ella.
-Vamos. Tendremos que salir por la ventana.
¿Cómo vamos a llegar al coche?
Pedro abrió la ventana del anticuado baño. Había apagado la luz y Paula vio que daba a un descuidado jardín tras el que se veía lo que parecía un expositor de coches usados, ya cerrado a esas horas de la noche.
Sin detenerse a contestar su pregunta, Pedro se volvió para que Paula saliera por la ventana. Ella se subió la ceñida falda del vestido negro hasta los muslos, diciéndose que aquel no era momento para mostrarse recatada. Dadas las circunstancias, dudaba que Pedro estuviera interesado en sus piernas.
Un momento después ambos estaban fuera del apartamento. De inmediato, Pedro se puso en marcha de nuevo, encaminándose hacia la explanada en la que se hallaban los coches usados. Paula permaneció firmemente sujeta a su mano, temiendo oír un disparo en cualquier momento tras ellos.
Sus zapatos de tacón no le facilitaron las cosas y en cierto momento estuvo a punto de perder el equilibrio. Pedro la ayudó a mantenerse en pie, murmurando unas palabras de ánimo.
Manteniéndose agachado, y urgiéndola para que hiciera lo mismo, zigzagueó entre los coches hasta alcanzar una furgoneta negra que parecía en mejor estado que el resto. Paula se sorprendió cuando le vio sacar una llave del bolsillo y meterla en la cerradura de la puerta del conductor.
-Entra -dijo Pedro, indicándole que subiera.
Paula obedeció.
Mientras él ponía el vehículo en marcha, ella vio que en el baño del apartamento que acababan de abandonar se encendía una luz. Una oscura figura se movió tras el cristal. Un instante después, Pedro pisó el acelerador, dejando atrás el motel y su coche deportivo.
Siguieron en la furgoneta poco más de una hora, conduciendo por una carretera secundaria que los llevó hasta Carrollton, a unas cuarenta millas al sureste de Atlanta. Pedro explicó brevemente que no quería alejarse demasiado, y eso fue más o menos todo lo que hablaron durante el trayecto. Él parecía concentrado en sus pensamientos, y Paula estaba demasiado ocupada tratando de encontrar algún sentido a lo sucedido.
Poco después, Pedro entró en una gasolinera y detuvo el coche junto a la puerta de los servicios. Se volvió y recogió una bolsa de viaje del asiento trasero. Luego, abrió la puerta.
-En seguida vuelvo -dijo.
Paula echó el cierre de las puertas de la furgoneta en cuanto él se apeó.
Unos minutos después vio salir de los servicios a un vaquero al que apenas reconoció. Llevaba ceñidos vaqueros, una camisa blanca de manga larga, botas y un sombrero negro que cubría parcialmente su rostro. Incluso su forma de caminar era un poco diferente.
Sólo la bolsa que llevaba bajo el brazo le resultó familiar.
Pedro golpeó en la ventana del conductor para que le abriera la puerta.
-Debería pedirte el santo y seña antes de dejarte entrar -murmuró Paula mientras abría.
El rió.
-El traje iba bien con el coche deportivo - explicó-. Una furgoneta como ésta exige un cambio de imagen.
Arrojó la bolsa en el asiento trasero y se sentó tras el volante. Su sombrero casi tocaba el techo; se lo quitó y lo dejó en el asiento que había entre ambos.
-No toques mi sombrero -dijo, imitando a la perfección el arrastrado acento tejano -. Era de mi bisabuelo. No querría que le sucediera nada.
-No te preocupes por tu sombrero -ironizó Paula-. Es tu cuello lo que voy a estrujar si las cosas siguen empeorando.
Pedro le dedicó una animada sonrisa.
-Ése es el espíritu -murmuró, recuperando su habitual tono de voz.
Paula respiró profundamente.
-De acuerdo, Tex -dijo-. ¿Qué vamos a hacer ahora?
Pedro no podía dejar de admirar la actitud de Paula. Teniendo en cuenta todo lo que había sucedido esa tarde, era sorprendente que no estuviera hecha un manojo de nervios.
Su única intención había sido buscar una excusa para pasar un rato con la abogada más atractiva que había conocido nunca, y que apenas le hacía caso cuando acudía a su bufete. Desde luego, no había anticipado el caso de asesinato en que ahora estaban involucrados.
Los acontecimientos habían escapado a su control incluso antes de encontrar a Paula luchando con aquel gorila en el despacho de la galería de arte. O incluso antes, cuando Paula le abrió la puerta de su apartamento, con un aspecto desvalido y vulnerable que Pedro nunca habría esperado ver en la competente, tranquila e inteligente abogada que conocía.
No estaba acostumbrado a que las circunstancias lo tomaran por sorpresa de aquella forma. Hasta entonces nunca se había visto tan distraído por una mujer como para dejar de prestar atención a sus habitualmente fiables instintos.
Esa noche estaba cometiendo errores. Y odiaba admitir que sus sentimientos hacia Paula Chaves estaban haciendo que se volviera descuidado. Siempre se había cuidado mucho de no dejar que nadie se interpusiera en su trabajo.
Debería haberse limitado a invitar a Paula al cine.
Ya era medianoche cuando detuvo la furgoneta en el aparcamiento de otro motel.
-Espera aquí un momento --dijo, fijándose en el cansado aspecto de Paula-. Voy a pedir una habitación.
-¿No crees que deberíamos llamar a la policía, Pedro? -preguntó ella, mirándolo a los ojos-. Debemos contarles lo que hemos visto. De alguna manera lograremos hacer que nos crean.
Pedro comprendía su temor y su automática suposición de que la policía se haría cargo de todo. Pero no compartía su optimismo. Llevaba demasiado tiempo cuidando de sí mismo como para dejar su destino en manos de otros.
-Deja que antes haga unas llamadas. Quiero hacer algunas preguntas más, ¿de acuerdo?
Paula dudó.
-Ambos estamos cansados -continuó Pedro-. No nos vendrá mal descansar un par de horas antes de ponernos en contacto con la policía, ¿no te parece?
-No, a menos que nos acusen de obstrucción a la justicia por haber tardado tanto en denunciar el asesinato.
-No tenemos ninguna prueba de nada. Sólo podemos contarles que hemos descubierto un cuerpo en una habitación trasera de la galería y que luego nos han disparado y seguido hasta el motel, pero no podemos demostrar nada. Evidentemente, la policía no tiene ningún cadáver, ya que lo que buscan es un ladrón, no un asesino. Tengo a un amigo haciendo algunas averiguaciones para mí. Deja que llame para que me diga qué ha averiguado. Luego hablaremos sobre qué hacer a continuación.
Tras una larga pausa, Paula suspiró y asintió.
-De acuerdo, lo que mejor te parezca.
Pedro quiso volver a besarla. Trato de decirse que sólo era porque estaba agradecido por su confianza y valor... pero ya que había deseado besarla desde el momento en que la vio por primera vez, sabía que había mucho más que eso. Y también sabía que aquel no era el momento adecuado para dejarse guiar por un impulso.
-Voy a pedir una habitación -repitió con voz ronca-. No tardaré.
Oyó que las puertas de la furgoneta se cerraban en cuanto bajó de ésta.
Paula no se estaba tomando la aventura con tanta calma como fingía.
La habitación del motel era incluso más pequeña que la del apartamento que acababan de dejar. Tenía dos camas grandes que ocupaban casi todo el espacio, con una mesilla entre ambas y un armario en la pared opuesta. Ni siquiera había espacio para una mesa y unas sillas. Un diminuto vestíbulo con un fregadero daba al baño.
-No es exactamente el Ritz – dijo Pedro, mirando a su alrededor con una mueca de desagrado-. Pero es tranquilo, anónimo y está cerca de la autopista.
-Y está limpio -dijo Paula débilmente, sentándose en el borde de una de las camas-. Yo me conformo.
Pedro la miró un momento antes de hablar.
-¿Cuándo ha sido la última noche que has dormido de un tirón?
Paula no recordaba. La situación en el bufete la había alterado tanto...
-Estoy bien -dijo.
-Estás agotada -replicó Pedro-. Túmbate. Descansa. Haré mis llamadas y te avisaré cuando llegue el momento de irnos.
Paula pensó que le iba a costar mucho dormirse con Pedro moviéndose por la habitación, hablando por teléfono... mirándola.
Pero era cierto, estaba agotada.
-Puede que me tumbe un poco -murmuró, quitándose los zapatos. Los doloridos dedos de sus pies parecieron suspirar de alivio.
Pedro la miró con el ceño fruncido.
-No vas a poder descansar con ese traje. ¿Por qué no te quitas la chaqueta y la falda?
Paula pensó en el diminuto sujetador y en las braguitas que llevaba bajo el traje. No pensaba quedarse en ropa interior ante Pedro.
-Estoy bien así -aseguró.
Pedro abrió su bolsa y buscó algo en ella. -Puede que aquí tenga algo que te valga. -En serio, Pedro no es...
Él sacó un chándal negro y unos calcetines blancos.
-Esto servirá -dijo, satisfecho-. Los pantalones tienen elástico.
Paula miró con gesto inquisitivo la bolsa. -¿Qué más llevas dentro?
El sonrió.
-El traje, la camisa y la corbata que llevaba antes, los zapatos, un par de mudas de ropa interior limpias, una camisa limpia y algunos objetos de tocador. No es una bolsa sin fondo.
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Continuaraaaaaaaaa!!!
Aca les dejo los dos capitulos de hoy! Muy temprano... Espero que comenten! Gracias por leer!!
Ayyyyyyyy, qué intriga con lo q va a pasar jaja, me encantaron los 2 caps.
ResponderEliminarMe encanta q pau confíe tanto en pp siendo que apenas lo conoce.. mimiroxb
ResponderEliminarAtrapante esta historia... que intrigaaaa ¡ :))
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