Pedro no podía decirle a Paula con exactitud lo que tenía pensado.
-No trato de ocultarte nada -aseguró-. Sólo necesito elaborar un poco más los detalles antes de discutirlos contigo, ¿de acuerdo?
Cuando esa mañana se fue del apartamento tras decirle a Paula que volvería pronto, ella trató de discutir. Le recordó que era su socia en aquel asunto y que no estaba dispuesta a que la tratara como a un exceso de equipaje.
Pedro le dijo que lo que tenía que hacer debía hacerlo solo. Luego se fue del apartamento. Enfadada, Paula caminó de un lado a otro del cuarto de estar, furiosa con él por mantenerla al margen de aquello, y a la vez, anhelando tontamente sentir sus brazos rodeándola.
"Soy completamente *******", pensó.
De pronto sintió muchas ganas de hablar con alguien que la quisiera. Ahora que llamar era más arriesgado que durante las dos pasadas semanas, sintió un impulso casi irrefrenable de hacerlo.
Se dijo que no podía ser peligroso telefonear desde allí. Excepto Stephanie, nadie sabía dónde se encontraban Pedro y ella, y era evidente que Pedro confiaba en su amiga.
Era ridículo pensar que alguien estuviera controlando el teléfono de sus padres... ¿o no?
Podía llamar a su hermano Trevor en Washington. Pero Trevor la conocía demasiado bien. En cuanto la oyera sabría que algo iba mal; ese era el motivo por el que había evitado llamarlo desde que la habían despedido. Si llegara a enterarse del lío en el que estaba metida, no dudaría en tomar el primer avión de inmediato.
En cuanto a su hermano pequeño, Trent... era demasiado joven. Y tendía a preocuparse demasiado. Llamarlo sólo serviría para preocuparlo.
Pero el silencio de aquella casa desconocida la oprimía más a cada minuto que pasaba, haciéndole sentirse más sola que en todos los días pasados en su apartamento. Al cabo de una hora, sin poder resistirlo más, descolgó el teléfono y marcó el número de la única persona que siempre estaba disponible cuando la necesitaba. A pesar de su juventud, Emily Chaves era la persona que mejor sabía escuchar de la familia.
-¡Cuánto me alegro de oírte, Paula! -dijo Emily, reconociendo de inmediato la voz de su prima-. Estaba preocupada por ti.
-¿Preocupada por mi? -Paula se quedó sorprendida-. ¿Por qué?
-En el funeral de papá noté que algo te preocupaba. Y nadie ha tenido noticias tuyas desde que te fuiste. Tía Bobbie y tío Cáleb temen que estés trabajando demasiado. Tía Bobbie esperaba hablar contigo pronto. ¿La has llamado hoy?
-No, hoy no he llamado a mamá -admitió-. ¿Me harías un favor, Emily?
-Por supuesto.
-Dile a mamá que hemos hablado y que la llamaré dentro de unos días, ¿de acuerdo? Tal vez dentro de una semana. Dile que sigo en mi viaje de trabajo y que apenas tengo tiempo para hablar ahora. Dile que sólo te he llamado para ver qué tal te iba, ¿de acuerdo?
Tras un momento de silencio, Emily preguntó:
- ¿Qué sucede, Paula?
-Es una larga historia -dijo Paula, preguntándose si habría cometido un error llamando a su prima-. Estoy metida en una especie de lío, pero me encuentro bien. Sólo quería hablar con alguien un minuto.
-¿No puedes decirme qué sucede?
-No, me temo que no. Pero no trates de llamar a mi apartamento, ¿de acuerdo? No estaré allí durante unos días. Dile a mamá que no me llame allí, que ya la llamaré yo.
-¿Tiene esto algo que ver con tu trabajo? ¿Tienes entre manos algún caso difícil?
-Algo así -contestó Paula, sintiéndose culpable por mentir.
-No correrás peligro ni nada parecido, ¿no?
Paula forzó una risa.
-Por supuesto que no. En serio, Emily, no te preocupes por mí. Sólo he llamado para ver qué tal estabas.
-Estoy bien contestó Emily, sin sonar demasiado convencida-. He descansado mucho durante las dos últimas semanas. De hecho, más que en todo el último año.
Paula sabía que su prima había pasado una mala época cuidando de su padre enfermo, que había tenido una muerte lenta y dolorosa.
-¿Sigues trabajando a diario? -preguntó, pensando en el poco tiempo que Emily se había tomado para sí misma-. ¿No te has tomado unas vacaciones desde que murió tu padre?
-Sólo un par de días para los arreglos del funeral -admitió Emily-. Me habría gustado tomarme más vacaciones, pero ha habido mucho ajetreo en la oficina últimamente, y no puedo dejarlos en la estacada. Puede que algún día.
Era típico de Emily estar más pendiente de los problemas de los demás que de los suyos. .
-¿Le dirás a mamá que he llamado? ¿Que me encuentro bien y que me pondré en contacto con ella pronto? -insistió Paula.
-No te preocupes. Y espero que vuelvas a llamarme si necesitas cualquier cosa.
-Por supuesto -contestó Paula, pensando que no le quedaría más remedio que hacerlo si su rostro aparecía de pronto en la pantalla de televisión.
Ciertamente, era un milagro que aún no hubiera sucedido. Y a los cotillas habitantes de Honoria, Georgia, les encantaría enterarse de que había otro Chaves sospechoso de asesinato. El hermano de Emily, Lucas, abandonó el pueblo bajo las mismas sospechas, quince años atrás, y desde entonces no se sabía nada de él. Paula no quería tener que desaparecer como Lucas. Emily aún lamentaba la pérdida de su hermanastro.
Al oír el ruido de la llave en la cerradura, los latidos del corazón de Paula se aceleraron. Pedro había vuelto.
-Tengo que dejarte, Emily. Cuida de ti misma para variar, ¿me oyes?
-Haz tú lo mismo.
-Lo intentaré -prometió Paula y colgó el teléfono.
Pasó las repentinamente húmedas palmas por los costados de sus vaqueros y se volvió para recibir a Pedro, esperando no haber metido la pata llamando por teléfono.
Pero no fue Pedro quien entró en la habitación, sino una alta y bellísima pelirroja con un ceñido vestido de punto que acababa por encima de las rodillas de sus larguísimas piernas. De inmediato, Paula se sintió vulgar y fea en comparación con aquel dechado de femenina perfección.
«Stephanie», pensó, sintiendo que el corazón se le encogía.
¿Podía complicarse aún más aquella situación?
-¡Hola! -el bonito rostro de Stephanie se iluminó con una sincera y amistosa sonrisa-. Tu debes de ser Paula.
-Sí. Y tú eres Stephanie.
-Eso es. ¿Dónde está Pedro?
-Ha salido. No ha dicho a dónde.
Stephanie movió la cabeza y suspiró.
-Casi nunca lo hace.
-Ha sido muy amable por tu parte dejarnos utilizar tu piso -dijo Paula, incómoda.
-Pedro sabe que sus amigos y él siempre son bienvenidos aquí. ¿Tienes hambre? Me he saltado el desayuno y sería capaz de comer cualquier cosa.
Paula miró su reloj. ¿Dónde diablos estaría Pedro?
Stephanie ya se dirigía hacia la cocina.
-¿Te gustan los espaguetis? Tengo salsa preparada en el congelador. También podemos preparar una ensalada.
Al parecer, Stephanie y ella iban a preparar la comida juntas, pensó Paula, siguiéndola obedientemente. Qué hogareño.
-Pedro me dijo que te había involucrado sin querer en uno de sus casos -dijo Stephanie mientras abría el frigorífico-. Debo admitir que me sorprendió. Normalmente tiene mucho cuidado de no poner a nadie en peligro.
Paula se sintió impulsada a defender a Pedro.
-Él no sabía que el caso podía resultar peligroso. De lo contrario nunca me habría mezclado en él.
Tras colocar la salsa en el microondas, Stephanie miró a Paula con gesto pensativo.
-No, por supuesto que no.
Paula habría querido hacer muchas preguntas a Stephanie, pero ninguna de ellas era asunto suyo. Las relaciones de Stephanie con Pedro no tenían nada que ver con ella... o eso le habría gustado creer.
-¿Puedo hacer algo para ayudar? -preguntó.
Stephanie señaló la puerta de un armario.
-Ahí dentro hay una cacerola grande. Puedes llenarla con agua y ponerla a hervir para preparar la pasta mientras yo corto la lechuga.
Paula se preguntó de dónde sería Stephanie. Su acento le recordaba al de Pedro, una intrigante mezcla de sur y del suroeste. Cuando, tras sacar la cacerola, se volvió, vio a Stephanie haciendo juegos malabares con tres tomates mientras iba del frigorífico al mostrador. Sus hábiles movimientos volvieron a recordarle a Pedro.
Al ver que Paula la estaba mirando, Stephanie rió un tanto avergonzada y dejó los tomates cuidadosamente en el mostrador.
-Es una costumbre tonta -murmuró-. Apenas puedo tomar dos cosas a la vez sin ponerme a hacer juegos malabares con ellas. La culpa es de Pedro; él siempre lo hace.
-Así que hace tiempo que conoces a Pedro -dijo Paula, tratando de sonar indiferente.
Stephanie alzó una ceja, aparentemente sorprendida.
-¿Quieres decir que no te ha...?
-Veo que ya os habéis conocido -dijo Pedro, entrando en ese momento en la cocina.
El rostro de Stephanie se iluminó de tal modo al verlo que Paula sintió que su corazón volvía a encogerse.
-Pedro -incluso su voz se volvió más cálida al acercarse hacia él para saludarlo.
Paula vio de reojo que Pedro tomaba a Stephanie en sus brazos para abrazarla y luego le daba un sonoro beso en la mejilla.
-Estas guapísima -dijo, apartándose un poco para contemplarla.
-Tú tampoco estás mal -bromeó Stephanie-. Espero que tengas hambre. Paula y yo estamos preparando espaguetis para comer.
Pedro miró a Paula y, repentinamente, su expresión se volvió más reservada. El recuerdo del beso de aquella mañana parecía haber quedado suspendido en el aire entre ellos.
-Muy buena idea -dijo Pedro -. ¿Puedo hacer algo para ayudar?
-Limítate a no entrometerte -replicó Stephanie, moviendo sus ojos verdes de Pedro a Paula y de vuelta a Pedro.
Él obedeció y se sentó en una silla.
-Has estado fuera mucho rato -dijo Paula-. ¿Ha resultado productiva la mañana?
-En parte. Creo que cada vez estoy más cerca de averiguar lo que ha pasado. Lo sabré con seguridad cuando entremos en la casa de Willfort.
-¡Oh, no! -murmuró Stephanie, dejando caer una zanahoria-. ¿Eso es realmente necesario, Pedro? -preguntó, preocupada.
-Me temo que sí. Pero tengo un plan.
Stephanie gruñó y miró a Paula.
-Normalmente salgo corriendo y me escondo cuando le oigo decir eso. Tal vez tú deberías hacer lo mismo -aconsejó.
Pedro sonrió, negando a la vez con la cabeza.
-No puede. La necesito.
El corazón de Paula dio un pequeño brinco. -¿Qué quieres que haga? -preguntó, tratando de mostrarse calmada.
En lugar de responder directamente, Pedro miró a Stephanie.
¿Puedes ayudarnos a cambiar su aspecto? Stephanie miró especulativamente a Paula.
-¿Cómo?
-¿Puedes transformarla en una de las chicas de Jeremy?
Stephanie abrió los ojos como platos.
--------------------------
LEAN EL PROXIMO!
--------------------------
LEAN EL PROXIMO!
No hay comentarios:
Publicar un comentario