sábado, 14 de marzo de 2015

Capitulo 18 -Aventura De Amor-

-Lo mismo digo -contestó Paula.
Perry se fue del restaurante sin mirar atrás.
Paula respiró profundamente y miró a Pedro con gesto interrogante.
-¿Qué le has dado?
-Digamos que le he resuelto su partida de póquer de esta noche.
Paula parpadeó.
-¿Tu amigo te cobra por la información?
Pedro alzó un hombro.
-Tiene que ganarse la vida de alguna manera.
Recordando el billete que Pedro había entregado a Spider, Paula pensó que sus amigos le salían realmente caros. Esperaba que la información que le habían dado mereciera la pena.
De vuelta en la casa de Stephanie, Paula se quitó los zapatos y empezó a caminar de un lado a otro mientras trataba de encajar las piezas del rompecabezas.
-Así que Liz Pryce y Jackson Willfort están teniendo una aventura -empezó.
Pedro se apoyó contra el quicio de la puerta y se cruzó de brazos.
-No podemos estar seguros de eso -dijo, precavido.
-Ya. Pero, si es así, piensa en cuánto perjudicaría a ambos que se supiera. Se supone que Willfort es un hombre conservador al que le importa sobre todo la moralidad. Por su parte, Liz Pryce está casada con un hombre extremadamente poderoso que podría darles muchos problemas a Willfort y a ella. Sin duda, ambos estarían dispuestos a hacer lo que fuera por mantener su aventura en secreto.
-Su supuesta aventura, abogada.
Ignorando el burlón comentario de Pedro, Paulasiguió hablando.
-Tienes unos papeles que indican que las pinturas robadas eran falsificaciones. Perry ha oído el rumor de que los originales siguen en poder de Willfort. Alguien de la compañía de seguros se puso en contacto contigo y te hizo ir a la galería, pero ahora no puedes localizar a esa persona. ¿Quién te llamó? ¿Era su intención incriminarte?
-Buenas preguntas.
-Sí, pero sin respuestas. ¿Cómo vamos a...? -Paula se interrumpió abruptamente, mirando a Pedro-. ¿Qué haces?
Un pisapapeles de cristal, un perro de bronce y una manzana de mármol, todos objetos de la estantería junto a la que estaba apoyado Pedro, parecían volar en el aire por encima de sus manos. Mientras Paula miraba, los objetos subían y bajaban, subían y bajaban, haciendo un movimiento elíptico en el aire.
-Hago malabares -contestó Pedro, sin apartar la mirada de los objetos.
-¿Por qué?
-Pienso mejor de esta forma.
-Oh -Paula encontró aquellos movimientos extrañamente fascinantes. Tras observar unos momentos más, preguntó-: ¿Tienes otros talentos ocultos?
Pedro le dedicó una sonrisa burlonamente maliciosa.
-Unos cuantos.
Por algún motivo, Paula se ruborizó intensamente. Se volvió para ocultar su rostro.
-¿Qué vamos a hacer ahora? -preguntó, simulando mirar por la ventana para admirar el brillo de la luna en el río.
Oyó que Pedro volvía a dejar los objetos en la estantería.
-Vamos a acostarnos -contestó él.
Paula se volvió con rapidez. Sin duda, no querría decir...
La expresión de Pedro era de total inocencia.
-Ninguno de los dos ha dormido demasiado la pasada noche -añadió-. Podremos pensar con más claridad cuando hayamos descansado. Yo ocuparé el dormitorio de invitados. Tú puedes dormir en el de Stephanie.
Parecía disfrutar haciendo que se sonrojara, pensó Paula, enfadada con la facilidad con que lo lograba. Siempre se había considerado inmune a las sugerencias e indirectas de doble sentido.
No le gustaba la idea de utilizar la cama de la otra mujer. Y odiaba la idea de tener imágenes mentales de Pedro compartiéndola con una bella pelirroja.
«Tienes que dejarte de tonterías de una vez por todas, Paula», se reconvino.
-Tal vez sería mejor que tú ocuparas la habitación de Stephanie -dijo-. Después de todo, ella es tu amiga.
Pedro negó con la cabeza.
-Siempre utilizo la habitación de invitados cuando vengo -contestó-. La considero más o menos mía.
Sus palabras sólo sirvieron para confundir aún más a Paula respecto a su relación con la ausente Stephanie.
-Necesitarás algo que ponerte para dormir -continuó Pedro-. Steph tiene camisones en algún lugar de su inmenso armario.
-¿Te importaría mucho que volviera a usar tu chándal? -preguntó Paula-. Era muy cómodo.
La sonrisa de Pedro tuvo un matiz de ternura que hizo que las manos de Paula temblaran durante un momento.
-No, cariño. No me importa lo más mínimo. Voy por él.
Paula necesitó los cuatro minutos que Pedro estuvo fuera para recuperarse de su sonrisa.
Aquella no era forma de mantener una adecuada distancia emocional con él.
Pedro volvió con el chándal y un par de calcetines blancos limpios. Se los entregó a Paula y preguntó:
-¿Necesitas algo más?
-No, gracias.
Pedro pareció repentinamente reacio a dejarla ir.
-¿Estarás bien sola?
Ella hizo una mueca.
-Llevo mucho tiempo durmiendo sola, Pedro.
Él asintió.
-Sólo pensaba... bueno, con todo lo que ha pasado sería comprensible que estuvieran un poco nerviosa.
-Estoy bien -repitió Paula.
-¿Me avisarás si necesitas algo?
-Serás el primero en saberlo -aseguró ella, irónicamente. Como si hubiera alguien más a quien decírselo.
-Y si tienes otra pesadilla...
-Pedro -interrumpió ella-. Estoy bien. En serio. No habrá más pesadillas.
-¿Estás segura?
-Estoy segura. Ahora vete a la cama. Descansa.
Pedro se inclinó y la besó suavemente en los labios.
-Buenas noches, Paula.
-Buenas noches, Pedro-replicó ella con voz ligeramente ronca.
-Paula.
El sonido de su nombre penetró el sueño de Paula. Abrió los ojos y casi gimió al ver a Pedro sentado en el borde de la cama. La habitación estaba en penumbra, pero había suficiente luz como para verlo con claridad. Tenía el pelo revuelto y no llevaba nada excepto unos pantalones de chándal.
Paula apartó rápidamente la mirada de su pecho desnudo. Los detalles de su sueño regresaron con demasiada realidad, haciéndola ruborizarse.
-Por favor, no me digas que he vuelto a hablar en sueños.
Pedro alargó una mano y le apartó un mechón de pelo de la frente.
-No. Sólo parecías inquieta. Temía que estuvieras teniendo otra pesadilla.
No había sido una pesadilla. Pero Paula no tenía intención de contarle a Pedrola clase de sueño que había tenido, ni que él había tenido un papel estelar en él.
-¿Qué hora es? -preguntó.
-Poco más de las seis.
Paula hizo una mueca.
-Lo siento, Pedro. No dejo de perturbar tu sueño.
-En más sentidos de los que crees - murmuró él, acariciándole la mejilla.
Paula tragó con esfuerzo y tomó el vaso de agua que había en su mesilla de noche. Intensamente consciente de la mirada de Pedro, dio un sorbo.
-¿Mejor? -preguntó él, quitándole el vaso de la mano para dejarlo en la mesilla.
Ella asintió.
-Estaba sedienta.
Pedro frotó con el pulgar una gota de agua de la comisura de los labios de Paula, que sintió un inmediato cosquilleo por todo el cuerpo. El sueño erótico que acababa de tener hizo eco en su mente mientras lo miraba, muy consciente de que estaban a solas en el dormitorio, a escasos centímetros uno del otro, de que sólo haría falta una pequeña seña para que Pedro se acostara junto a ella.

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Aca los dos capitulos del cia! Espero que les gusten! Comenten! tw @floor_pauchaves

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