domingo, 15 de marzo de 2015

Capitulo 21 -Aventura De Amor-

-Así que eso es lo que tienes pensado.
Paula deseó saber qué diablos estaba pasando.
¿Quién era Jeremy? ¿Un chulo? ¿Qué tenía planeado exactamente Pedro?
-Ya he hablado con Jeremy -dijo Pedro-. Es la mejor oportunidad que voy a tener.
Tomó el periódico de la mañana que había sobre la mesa y lo acercó a Paula, señalando un artículo.
Ella leyó la columna, que mencionaba una fiesta benéfica que iba a tener lugar el viernes por la tarde en..la mansión del millonario filántropo C. Jackson Willfort. La actuación principal correría a cargo del famoso mago Jeremy Kane. Las invitaciones costarían quinientos dólares y los beneficios serían donados a una casa de acogida de mujeres maltratadas. Se esperaba que asistieran doscientas personas.
-¿Vas a tratar de conseguir unas invitaciones? -preguntó Paula.
-No exactamente -murmuró Pedro.
-Planea ir de incógnito -explicó Stephanie, un poco preocupada-. Tú serás una de las asistentes del mago. Y él... ¿Qué, Pedro? ¿Irás de técnico?
Él asintió.
-Algo así.
Paula estaba aturdida.
-¿Yo? ¿La asistente de un mago? ¿Una de las pelirrojas de Jeremy Kane? ¡Eso es una locura, Pedro!
-Es la única manera que tenemos de averiguar por nuestra cuenta qué está pasando, Paula-dijo Pedro-. He llamado a mi contacto en Atlanta y la policía sigue buscando una pareja que encaja con nuestra descripción y a la que relacionan con el robo de la Pryce Gallery. Aún no tienen nuestros nombres, probablemente porque quienes dispararon a Botkin quieren encontrarnos antes. Sospecho que están vigilando tu apartamento, y a tu familia, tal vez. Podríamos llamar al departamento de policía de Atlanta para decirles que se produjeron disparos durante la inauguración de la exposición y que nosotros no tuvimos nada que ver en ello. Pero no tenemos pruebas de que Willfort esté implicado en el asunto, a menos que encontremos los cuadros en su posesión.
-No sabemos con certeza si Willfort está implicado -no pudo evitar señalar Paula. Algo en la expresión de Pedrole hizo ver que esa mañana había averiguado más de lo que le había contado-. ¿Qué sucede? -preguntó-. ¿Qué más sabes?
-Sé que tu agua está hirviendo -dijo él, apartando la mirada-. Será mejor que pongas la pasta a cocinar. Yo voy a lavarme.
-Pedro... -dijo Paula, pero él ya había salido de la cocina.
-¿No te apetece estrangularlo a veces? - preguntó Stephanie.
Resistiendo el impulso de salir tras Pedro para exigirle que le contara todo lo que había averiguado, Paula se volvió de mala gana hacia la otra mujer.
-Sí -contestó-. Bastante a menudo.
Stephanie contempló pensativamente el rostro de Paula. Luego, sonrió y cambió rápidamente de tema de conversación.
-Esto es una locura. No va a funcionar.
-Confía en mí, Paula -dijo Stephanie-. Cuando haya terminado contigo, no habrá quien te reconozca. Y ahora, echa la cabeza atrás para que pueda aclararte el pelo.
Desde que Pedro la había convencido para que los ayudara,. Stephanie se había mostrado entusiasmada con el proyecto. Paula no quería cuestionar los motivos de la otra mujer, pero le preocupaba el aspecto que iba a tener cuando acabara con ella.
Lo cierto era que Stephanie le gustaba. Era amistosa, divertida e inteligente, y había sido muy generosa con su casa y sus posesiones. Era evidente que estaba muy unida a Pedro, pero empezaba a dudar que fueran amantes. ¿Cómo iba a aceptar Stephanie con tanta facilidad su presencia si estaba enamorada de Pedro?
Stephanie se negó a permitir que se mirara en espejo.
-Te verás cuando haya acabado -dijo, mientras tomaba unas tijeras.
Paula se mordió el labio inferior.
-Um... Stephanie...
-Confía en mí. Sé lo que hago.
-Esto no va a funcionar -insistió Paula-. No vas a poder cambiarme lo suficiente como para que no me reconozcan los hombres que nos persiguen.
-Por si acaso, no apuestes por ello -aconsejó Stephanie, y a continuación dio el primer corte al pelo de Paula.
-Aunque puedas cambiar mi aspecto, no tengo idea de cómo ser la ayudante de un mago.
-Hace diez años que trabajo de vez en cuando con Jeremy Kane -dijo Stephanie con firmeza-. Yo te ayudaré. Y Jeremy se hará cargo de que parezca que sabes perfectamente lo que haces. Es un tipo brillante.
-Pero... -un mechón de pelo cayó en el rostro de Paula.
-Será mejor que cierres la boca antes de que te entre pelo en ella -sugirió Stephanie, animadamente-. Deja de preocuparte, Paula. Lo harás muy bien.
Una hora después, Stephanie ayudó a Paula a ponerse un ceñido vestido negro que contorneaba sus curvas a la perfección. Había rizado y cardado su pelo y la había maquillado, pero aún no le había permitido mirarse en el espejo.
Finalmente, se apartó para dejar que se viera.
Paula se quedó boquiabierta al mirar su reflejo.
-¿Qué te parece? -preguntó Stephanie.
-Me parece que hay una desconocida oculta en tu espejo -dijo Paula, asombrada.
La mujer reflejada no podía ser ella. Su pelo rizado, color cobre oscuro, enmarcaba coquetamente su rostro. En cuanto a éste... bastaba decir que Stephanie era una artista del maquillaje, pensó Paula, maravillada. Sus ojos azules, habitualmente nada espectaculares, habían sido pintados de manera que parecían enormes y seductores. Sus pómulos parecían más prominentes. Su boca, pintada de rojo intenso, parecía más carnosa.
La cantidad de piel que dejaba ver el vestido negro habría hecho que su madre se escandalizara y que su padre fuera corriendo a por una manta para cubrirla. Paula ni siquiera sabía que tenía algo que mostrar con un escote como aquél, pero así era.
-Estás preciosa -dijo Stephanie, orgullosa.
-Tienes razón -replicó Paula, aún aturdida-. Lo estoy -¿y cómo diablos le había pasado aquello a la normalucha Paula Chaves?
Stephanie rió.
-Espera a que Pedro te vea. Ya piensa que eres preciosa, pero cuando te vea así se va a quedar de piedra.
Paula se ruborizó bajo la pintura.
-Pedro y yo no somos... quiero decir que apenas nos conocemos. Sólo es amos unidos temporalmente debido a las circunstancias.
Stephanie gruñó con delicadeza.
-He visto cómo te mira, Paula. Entre vosotros hay algo más que las «circunstancias».
El rubor de Paula se intensificó al recordar los besos que había compartido con Pedro esa mañana... en la cama de Stephanie.
Ésta volvió a reír.
-Lo sabía -dijo, aparentemente encantada-. ¡Hay algo en marcha! Me encanta ver a Pedro tan afectado, para variar. Le sienta bien.
Paula se volvió, totalmente confundida.
-Entre Pedro y yo no hay nada, pero... ¿de verdad no te importaría que lo hubiera? ¿Él y tú no sois...?
Stephanie suspiró pesadamente.
-A veces me gustaría estrangularlo. Pedro es mi hermano.
Una vez más, Paula se quedó boquiabierta.
-¿Tu...?
-Hermano -repitió Stephanie con claridad-. Tiene cinco años más que yo. Se ocupó de mí desde que mis padres murieron, cuando yo tenía diez y él quince.
Paula movió la cabeza.
-No lo sabía. No me lo había dicho.
-No se lo decimos a mucha gente. Desde que me vi accidentalmente involucrada en uno de los casos de Pedro, hace mucho tiempo, y estuve a punto de ser secuestrada por un tipo que pretendía evitar que mi hermano hiciera pública cierta información que lo perjudicaba, Pedro piensa que es más seguro que nadie sepa que tiene una hermana. Debería haberte dicho la verdad. No sé por qué no lo ha hecho, pero yo me niego a mentirte. Me caes muy bien.
El tono desafiante de la voz de Stephanie podría haber resultado divertido si Paula no hubiera estado completamente anonadada por lo que acababa de oír.
-Tu hermano -repitió, repasando mentalmente todo lo que había pasado desde que Pedro y ella habían llegado a Savannah.
Él debía de saber lo que había estado pensando, decidió, sintiéndose repentinamente furiosa. Debía haberse dado cuenta de que ella había malinterpretado el hecho de que tuviera la llave del apartamento de Stephanie. Y le había dejado seguir pensando aquello incluso después de haberla besado como lo había hecho. La había dejado sintiéndose culpable y confundida, y le había hecho sentirse muy incómoda cuando Stephanie se presentó en la casa.
Sintió deseos de estrangularlo.
Miró el rostro de Stephanie en busca de rasgos familiares. Ahora que sabía la verdad, no le costó encontrarlos.
¿Por qué no le había dicho Pedro la verdad?
Stephanie tocó la mano de Paula.
-Sé que lo que haya entre vosotros no es asunto mío. Pero... bueno, lo cierto es que Pedro lleva mucho tiempo solo. Estaba deseando que encontrara alguien como tú. Lo quiero mucho y quiero que sea feliz.                           
-Lo supongo -replicó Paula, sintiendo que el estómago se le encogía-. Pero, por favor, no empieces a hacer de casamentera. Este no es el momento más adecuado.
Stephanie asintió.
-Primero tenéis que aseguraros de poneros a salvo, por supuesto. Pero eso no quiere decir que no pueda tener esperanza para más adelante -antes de que Paula pudiera decir algo, añadió-: Ahora tengo que irme, así que esta noche estaréis solos. Toda la noche.
Paula giró los ojos en las órbitas.
-¡Stephanie!
La hermana de Pedro sonrió.
-Sólo he pensado que debías saberlo. Además, es cierto que estás preciosa. Harás que la cabeza de Pedro se ponga a dar vueltas... y eso le hará bien. Si estuviera en tu lugar, yo le haría sudar un poco como castigo por haberte mentido.
-En realidad no me mintió -murmuró Paula.
-Pero tampoco te dijo la verdad.
-No -y le había hecho creer que la mantendría informada de todo, pensó Paula, irritada. Sin embargo, apenas le había contado nada desde que estaban en Savannah.
Cada vez se sentía más enfadada. Pedro se merecía que le hiciera sudar. Desafortunadamente, Paula nunca había desarrollado las habilidades requeridas para hacer que un hombre se volviera de gelatina.
Sin embargo, la mujer del espejo... Contempló pensativamente su reflejo mientras Stephanie salía de la habitación.

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Continuaraaaaa!! Aca les dejo 3 capitulos! Espero que comenten! Porfiii! tw @Floor_PauChaves

Capitulo 20 -Aventura De Amor-


Pedro no podía decirle a Paula con exactitud lo que tenía pensado.
-No trato de ocultarte nada -aseguró-. Sólo necesito elaborar un poco más los detalles antes de discutirlos contigo, ¿de acuerdo?
Cuando esa mañana se fue del apartamento tras decirle a Paula que volvería pronto, ella trató de discutir. Le recordó que era su socia en aquel asunto y que no estaba dispuesta a que la tratara como a un exceso de equipaje.
Pedro le dijo que lo que tenía que hacer debía hacerlo solo. Luego se fue del apartamento. Enfadada, Paula caminó de un lado a otro del cuarto de estar, furiosa con él por mantenerla al margen de aquello, y a la vez, anhelando tontamente sentir sus brazos rodeándola.
"Soy completamente *******", pensó.
De pronto sintió muchas ganas de hablar con alguien que la quisiera. Ahora que llamar era más arriesgado que durante las dos pasadas semanas, sintió un impulso casi irrefrenable de hacerlo.
Se dijo que no podía ser peligroso telefonear desde allí. Excepto Stephanie, nadie sabía dónde se encontraban Pedro y ella, y era evidente que Pedro confiaba en su amiga.
Era ridículo pensar que alguien estuviera controlando el teléfono de sus padres... ¿o no?
Podía llamar a su hermano Trevor en Washington. Pero Trevor la conocía demasiado bien. En cuanto la oyera sabría que algo iba mal; ese era el motivo por el que había evitado llamarlo desde que la habían despedido. Si llegara a enterarse del lío en el que estaba metida, no dudaría en tomar el primer avión de inmediato.
En cuanto a su hermano pequeño, Trent... era demasiado joven. Y tendía a preocuparse demasiado. Llamarlo sólo serviría para preocuparlo.
Pero el silencio de aquella casa desconocida la oprimía más a cada minuto que pasaba, haciéndole sentirse más sola que en todos los días pasados en su apartamento. Al cabo de una hora, sin poder resistirlo más, descolgó el teléfono y marcó el número de la única persona que siempre estaba disponible cuando la necesitaba. A pesar de su juventud, Emily Chaves era la persona que mejor sabía escuchar de la familia.
-¡Cuánto me alegro de oírte, Paula! -dijo Emily, reconociendo de inmediato la voz de su prima-. Estaba preocupada por ti.
-¿Preocupada por mi? -Paula se quedó sorprendida-. ¿Por qué?
-En el funeral de papá noté que algo te preocupaba. Y nadie ha tenido noticias tuyas desde que te fuiste. Tía Bobbie y tío Cáleb temen que estés trabajando demasiado. Tía Bobbie esperaba hablar contigo pronto. ¿La has llamado hoy?
-No, hoy no he llamado a mamá -admitió-. ¿Me harías un favor, Emily?
-Por supuesto.
-Dile a mamá que hemos hablado y que la llamaré dentro de unos días, ¿de acuerdo? Tal vez dentro de una semana. Dile que sigo en mi viaje de trabajo y que apenas tengo tiempo para hablar ahora. Dile que sólo te he llamado para ver qué tal te iba, ¿de acuerdo?
Tras un momento de silencio, Emily preguntó:
- ¿Qué sucede, Paula?
-Es una larga historia -dijo Paula, preguntándose si habría cometido un error llamando a su prima-. Estoy metida en una especie de lío, pero me encuentro bien. Sólo quería hablar con alguien un minuto.
-¿No puedes decirme qué sucede?
-No, me temo que no. Pero no trates de llamar a mi apartamento, ¿de acuerdo? No estaré allí durante unos días. Dile a mamá que no me llame allí, que ya la llamaré yo.
-¿Tiene esto algo que ver con tu trabajo? ¿Tienes entre manos algún caso difícil?
-Algo así -contestó Paula, sintiéndose culpable por mentir.
-No correrás peligro ni nada parecido, ¿no?
Paula forzó una risa.
-Por supuesto que no. En serio, Emily, no te preocupes por mí. Sólo he llamado para ver qué tal estabas.
-Estoy bien contestó Emily, sin sonar demasiado convencida-. He descansado mucho durante las dos últimas semanas. De hecho, más que en todo el último año.
Paula sabía que su prima había pasado una mala época cuidando de su padre enfermo, que había tenido una muerte lenta y dolorosa.
-¿Sigues trabajando a diario? -preguntó, pensando en el poco tiempo que Emily se había tomado para sí misma-. ¿No te has tomado unas vacaciones desde que murió tu padre?
-Sólo un par de días para los arreglos del funeral -admitió Emily-. Me habría gustado tomarme más vacaciones, pero ha habido mucho ajetreo en la oficina últimamente, y no puedo dejarlos en la estacada. Puede que algún día.
Era típico de Emily estar más pendiente de los problemas de los demás que de los suyos. .
-¿Le dirás a mamá que he llamado? ¿Que me encuentro bien y que me pondré en contacto con ella pronto? -insistió Paula.
-No te preocupes. Y espero que vuelvas a llamarme si necesitas cualquier cosa.
-Por supuesto -contestó Paula, pensando que no le quedaría más remedio que hacerlo si su rostro aparecía de pronto en la pantalla de televisión.
Ciertamente, era un milagro que aún no hubiera sucedido. Y a los cotillas habitantes de Honoria, Georgia, les encantaría enterarse de que había otro Chaves sospechoso de asesinato. El hermano de Emily, Lucas, abandonó el pueblo bajo las mismas sospechas, quince años atrás, y desde entonces no se sabía nada de él. Paula no quería tener que desaparecer como Lucas. Emily aún lamentaba la pérdida de su hermanastro.
Al oír el ruido de la llave en la cerradura, los latidos del corazón de Paula se aceleraron. Pedro había vuelto.
-Tengo que dejarte, Emily. Cuida de ti misma para variar, ¿me oyes?
-Haz tú lo mismo.
-Lo intentaré -prometió Paula y colgó el teléfono.
Pasó las repentinamente húmedas palmas por los costados de sus vaqueros y se volvió para recibir a Pedro, esperando no haber metido la pata llamando por teléfono.
Pero no fue Pedro quien entró en la habitación, sino una alta y bellísima pelirroja con un ceñido vestido de punto que acababa por encima de las rodillas de sus larguísimas piernas. De inmediato, Paula se sintió vulgar y fea en comparación con aquel dechado de femenina perfección.
«Stephanie», pensó, sintiendo que el corazón se le encogía.
¿Podía complicarse aún más aquella situación?
-¡Hola! -el bonito rostro de Stephanie se iluminó con una sincera y amistosa sonrisa-. Tu debes de ser Paula.
-Sí. Y tú eres Stephanie.
-Eso es. ¿Dónde está Pedro?
-Ha salido. No ha dicho a dónde.
Stephanie movió la cabeza y suspiró.
-Casi nunca lo hace.
-Ha sido muy amable por tu parte dejarnos utilizar tu piso -dijo Paula, incómoda.
-Pedro sabe que sus amigos y él siempre son bienvenidos aquí. ¿Tienes hambre? Me he saltado el desayuno y sería capaz de comer cualquier cosa.
Paula miró su reloj. ¿Dónde diablos estaría Pedro?
Stephanie ya se dirigía hacia la cocina.
-¿Te gustan los espaguetis? Tengo salsa preparada en el congelador. También podemos preparar una ensalada.
Al parecer, Stephanie y ella iban a preparar la comida juntas, pensó Paula, siguiéndola obedientemente. Qué hogareño.
-Pedro me dijo que te había involucrado sin querer en uno de sus casos -dijo Stephanie mientras abría el frigorífico-. Debo admitir que me sorprendió. Normalmente tiene mucho cuidado de no poner a nadie en peligro.
Paula se sintió impulsada a defender a Pedro.
-Él no sabía que el caso podía resultar peligroso. De lo contrario nunca me habría mezclado en él.
Tras colocar la salsa en el microondas, Stephanie miró a Paula con gesto pensativo.
-No, por supuesto que no.
Paula habría querido hacer muchas preguntas a Stephanie, pero ninguna de ellas era asunto suyo. Las relaciones de Stephanie con Pedro no tenían nada que ver con ella... o eso le habría gustado creer.
-¿Puedo hacer algo para ayudar? -preguntó.
Stephanie señaló la puerta de un armario.
-Ahí dentro hay una cacerola grande. Puedes llenarla con agua y ponerla a hervir para preparar la pasta mientras yo corto la lechuga.
Paula se preguntó de dónde sería Stephanie. Su acento le recordaba al de Pedro, una intrigante mezcla de sur y del suroeste. Cuando, tras sacar la cacerola, se volvió, vio a Stephanie haciendo juegos malabares con tres tomates mientras iba del frigorífico al mostrador. Sus hábiles movimientos volvieron a recordarle a Pedro.
Al ver que Paula la estaba mirando, Stephanie rió un tanto avergonzada y dejó los tomates cuidadosamente en el mostrador.
-Es una costumbre tonta -murmuró-. Apenas puedo tomar dos cosas a la vez sin ponerme a hacer juegos malabares con ellas. La culpa es de Pedro; él siempre lo hace.
-Así que hace tiempo que conoces a Pedro -dijo Paula, tratando de sonar indiferente.
Stephanie alzó una ceja, aparentemente sorprendida.
-¿Quieres decir que no te ha...?
-Veo que ya os habéis conocido -dijo Pedro, entrando en ese momento en la cocina.
El rostro de Stephanie se iluminó de tal modo al verlo que Paula sintió que su corazón volvía a encogerse.
-Pedro -incluso su voz se volvió más cálida al acercarse hacia él para saludarlo.
Paula vio de reojo que Pedro tomaba a Stephanie en sus brazos para abrazarla y luego le daba un sonoro beso en la mejilla.
-Estas guapísima -dijo, apartándose un poco para contemplarla.
-Tú tampoco estás mal -bromeó Stephanie-. Espero que tengas hambre. Paula y yo estamos preparando espaguetis para comer.
Pedro miró a Paula y, repentinamente, su expresión se volvió más reservada. El recuerdo del beso de aquella mañana parecía haber quedado suspendido en el aire entre ellos.
-Muy buena idea -dijo Pedro -. ¿Puedo hacer algo para ayudar?
-Limítate a no entrometerte -replicó Stephanie, moviendo sus ojos verdes de Pedro a Paula y de vuelta a Pedro.
Él obedeció y se sentó en una silla.
-Has estado fuera mucho rato -dijo Paula-. ¿Ha resultado productiva la mañana?
-En parte. Creo que cada vez estoy más cerca de averiguar lo que ha pasado. Lo sabré con seguridad cuando entremos en la casa de Willfort.
-¡Oh, no! -murmuró Stephanie, dejando caer una zanahoria-. ¿Eso es realmente necesario, Pedro? -preguntó, preocupada.
-Me temo que sí. Pero tengo un plan.
Stephanie gruñó y miró a Paula.
-Normalmente salgo corriendo y me escondo cuando le oigo decir eso. Tal vez tú deberías hacer lo mismo -aconsejó.
Pedro sonrió, negando a la vez con la cabeza.
-No puede. La necesito.
El corazón de Paula dio un pequeño brinco. -¿Qué quieres que haga? -preguntó, tratando de mostrarse calmada.
En lugar de responder directamente, Pedro  miró a Stephanie.
¿Puedes ayudarnos a cambiar su aspecto? Stephanie miró especulativamente a Paula.
-¿Cómo?
-¿Puedes transformarla en una de las chicas de Jeremy?
Stephanie abrió los ojos como platos.

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LEAN EL PROXIMO!

Capitulo 19 -Aventura De Amor-

Sin apartar la mirada, él deslizó un dedo por la mandíbula de Paula, llevándolo después hasta su labio inferior, que se estremeció levemente bajo su tacto.
-¿Cómo puedes estar tan preciosa a esta hora de la mañana? -preguntó.
-Yo... er... -¿cómo se suponía que debía responder a aquello?
-No dejo de repetirme que sería un error aprovecharme de ti ahora que no tienes más opción que estar conmigo, pero haces que me resulte muy difícil tener las manos quietas, preciosa Paula Chaves.
Paula nunca se había considerado hermosa. Su prima Savannah era la belleza de la familia Chaves. Emily era bonita y dulce. Ella era... simplemente Paula. Inteligente. Competente. Atractiva a su manera. ¿Pero preciosa? No.
Pero la forma en que Pedro la miraba, la acariciaba, hacía que se sintiera hermosa. Y era una sensación muy agradable.
No pudo evitar pensar que él era el hermoso. Su pecho y sus brazos eran firmes, musculosos. Sin pensar en lo que hacía, alargó una mano y la deslizó hacia arriba por su antebrazo, dudando al alcanzar su hombro. Su contacto era aún mejor que su aspecto, decidió.
Pedro se inclinó hacia ella.
-Me gustaría mucho besarte, Paula-murmuró.
Ella deseaba realmente que lo hiciera. Pero aún temía acercarse demasiado a él. Querer demasiado. Volver a fracasar.
No trató de detenerlo cuando le acarició los labios con los suyos. Y no lo apartó cuando volvió a besarla.
El segundo beso fue más intenso que el precedente. Era como si cada vez que la besara, Pedro sintiera que tenía más derecho a hacerlo. Y tal vez fuera así, pensó Paula, mientras respondía a su beso sin reservas.
Apoyándose en los antebrazos, Pedro la presionó suavemente contra las almohadas, casi tocándola con su cuerpo. Bajo la suave tela del chándal, Paula sintió sus pechos sensibilizados, anhelando sus caricias. Casi podía sentir el calor de Pedro, y anhelaba atraerlo hacia sí, hasta que no hubiera distancia entre ellos.
Él murmuró algo contra su boca. Luego, tomándola por la barbilla, le hizo inclinar la cabeza contra la almohada en un ángulo más pronunciado. La besó como si estuviera hambriento de su sabor.
Cediendo sin resistencia alguna a la tentación, Paula le devolvió el beso con igual fervor. Deslizó una mano tras su hombro para acariciarle la espalda. Los músculos de Pedro se contrajeron bajo su tacto. Gimió roncamente.
La mano de Paula se topó de pronto con el contorno de una cicatriz que se hallaba bajo su omóplato izquierdo. Pedro quedó repentinamente paralizado. Luego alzó la cabeza, interrumpiendo el beso.
Un instante después estaba de pie junto a la cama, con los puños apretados a ambos lados del cuerpo. Aturdida, Paula notó que éstos le temblaban.
¿Qué había hecho para asustarlo así?
-Vuelve a dormir si quieres -dijo Pedro, evitando mirarla a los ojos-. Yo suelo levantarme temprano y esta mañana tengo varias cosas que hacer.
-Creo... -Paula tuvo que aclararse la garganta antes de completar la frase-. Creo que yo también voy a levantarme.
Pedro asintió, se volvió y salió de la habitación como si lo llamaran urgentemente de algún otro sitio.
-Utiliza lo que necesites -dijo, por encima del hombro-. A Stephanie no le importará.
 Stephanie.
¿Cómo había podido olvidarse de la otra mujer?, se preguntó Paula. La mujer en cuya cama estaba acostada. La mujer con la que, probablemente, Pedro habría compartido aquel dormitorio.
Salió de la cama y se pasó una temblorosa mano por el pelo.
Era *******. Sin duda. Se estaba enamorando de un detective privado que no parecía creer en apellidos, que carecía de un hogar permanente, que tenía ropa en el piso de una modelo pelirroja cuyas piernas eran mucho más largas que las de ella. Sólo una tonta como ella sería capaz de caer en los brazos de un hombre como aquél.
Pero lo que le estaba sucediendo sólo se debía a la cercanía, se dijo. No tenía nadie más a quien acudir. Su dependencia de él era comprensible.
Y Pedro era un hombre excepcionalmente atractivo. Intrigantemente misterioso. Impredecible. Encantador. Cualquier mujer normal y saludable se habría sentido atraída por él en aquellas circunstancias.
Lo que debía hacer era recordarse constantemente que aquella situación era sólo temporal. Que eran el hombre equivocado y la mujer equivocada reunidos en el momento equivocado. No podía permitirse olvidar las advertencias de su sentido común.
No, si quería salir de aquella experiencia con el cuerpo y el corazón intactos.
Paula tomó una larga ducha, se lavó los dientes, se secó el pelo y se maquilló un poco. Tras vestirse, hizo la cama. Al apartarse de ésta, chocó involuntariamente contra la mesilla de noche, haciendo caer un pequeño marco de foto a la alfombra. Cuando lo recogió, el rostro de Pedro la miró sonriente. Se trataba de una foto tomada varios años antes. Su pelo, ligeramente largo y dorado, estaba agitado por el viento, y su sonrisa era brillante y despreocupada. Miraba a la persona que sostenía la cámara con evidente afecto.
Paula dejó el pequeño marco en la mesilla como si de pronto le hubiera quemado los dedos.
¿Qué más prueba necesitaba para convencerse de que no podía tomar en serio el flirteo de Pedro?
No importaba cuánto le apeteciera ceder.
Con el pelo aún mojado tras la larga y fría ducha que había tomado después de dejar a Paula, Pedro se puso unos vaqueros y una camisa de manga larga que sacó del armario empotrado del dormitorio.
Tenía que salir un rato de la casa. Sospechaba que Paula querría ir con él, pero esperaba convencerla para que se quedara. Allí estaría a salvo. Y él podría aprovechar aquel rato para recordar todos los motivos por los que no debía tener una relación con ella.
La cicatriz que Paula había descubierto en su espalda, causada por la bala de un demente, era sólo un recordatorio de las diferencias que había entre ellos. Paula tenía la clase de pasado con el que Pedro sólo había podido fantasear, y un futuro en el que nunca encajaría. Y dudaba que fuera la clase de mujer que se quedara satisfecha con unas cuantas noches de placer. sin ataduras, seguidas de una amistosa despedida.
Pedro no sabía cómo ofrecer más.
Estaba sentado a la mesa de la cocina con una taza de café a su lado y leyendo el periódico cuando entró Paula. Alzó la mirada y le sonrió. Ella notó de inmediato que los ojos de Pedro no reflejaron su sonrisa. Casi pudo ver la pared que había erigido entre ellos.
¿Qué había cambiado durante aquel beso? ¿Qué le había hecho apartarse de ella tan repentinamente? No pudo evitar preguntarse si Stephanie tendría algo que ver con la repentina reserva de Pedro.
-Lo que debemos hacer -dijo él, sin preámbulos- es entrar en la mansión de Jackson Willfort y echar un vistazo a su colección privada de cuadros.
Paula se sentó en una silla.
-¿Quieres entrar a escondidas en la mansión Willfort.? -preguntó, débilmente-. ¿No te parece peligroso? Sobre todo si Willfort está detrás de los tipos que nos buscan…
-No he dicho que tengamos que entrar a la fuerza -dijo Pedro, volviendo a mirar el periódico con gesto pensativo-. Sólo he dicho que tenemos que entrar.
-Supongo que esperas que llamemos al timbre y le pidamos al señor Willfort que nos deje ver su colección privada para comprobar si hay un par de cuadros cuyo robo ha sido denunciado por él mismo.
-No es eso exactamente lo que tenía pensado -respondió Pedro ignorando el tono sarcástico de Paula.
¿Por qué tengo la sensación de que ya has elaborado un plan que no me va a gustar?
Pedro sonrió.
-Al parecer no soy el único que tiene intuiciones fiables -la sonrisa desapareció de su rostro cuando alargó la mano y tomó un mechón del pelo de Paula entre sus dedos-. ¿Te has preguntado alguna vez lo que sentirías siendo pelirroja?
-Yo...
La sonrisa de Pedro se tornó maliciosa.
-Confía en mí, Paula. Vas a tener un aspecto estupendo.

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sábado, 14 de marzo de 2015

Capitulo 18 -Aventura De Amor-

-Lo mismo digo -contestó Paula.
Perry se fue del restaurante sin mirar atrás.
Paula respiró profundamente y miró a Pedro con gesto interrogante.
-¿Qué le has dado?
-Digamos que le he resuelto su partida de póquer de esta noche.
Paula parpadeó.
-¿Tu amigo te cobra por la información?
Pedro alzó un hombro.
-Tiene que ganarse la vida de alguna manera.
Recordando el billete que Pedro había entregado a Spider, Paula pensó que sus amigos le salían realmente caros. Esperaba que la información que le habían dado mereciera la pena.
De vuelta en la casa de Stephanie, Paula se quitó los zapatos y empezó a caminar de un lado a otro mientras trataba de encajar las piezas del rompecabezas.
-Así que Liz Pryce y Jackson Willfort están teniendo una aventura -empezó.
Pedro se apoyó contra el quicio de la puerta y se cruzó de brazos.
-No podemos estar seguros de eso -dijo, precavido.
-Ya. Pero, si es así, piensa en cuánto perjudicaría a ambos que se supiera. Se supone que Willfort es un hombre conservador al que le importa sobre todo la moralidad. Por su parte, Liz Pryce está casada con un hombre extremadamente poderoso que podría darles muchos problemas a Willfort y a ella. Sin duda, ambos estarían dispuestos a hacer lo que fuera por mantener su aventura en secreto.
-Su supuesta aventura, abogada.
Ignorando el burlón comentario de Pedro, Paulasiguió hablando.
-Tienes unos papeles que indican que las pinturas robadas eran falsificaciones. Perry ha oído el rumor de que los originales siguen en poder de Willfort. Alguien de la compañía de seguros se puso en contacto contigo y te hizo ir a la galería, pero ahora no puedes localizar a esa persona. ¿Quién te llamó? ¿Era su intención incriminarte?
-Buenas preguntas.
-Sí, pero sin respuestas. ¿Cómo vamos a...? -Paula se interrumpió abruptamente, mirando a Pedro-. ¿Qué haces?
Un pisapapeles de cristal, un perro de bronce y una manzana de mármol, todos objetos de la estantería junto a la que estaba apoyado Pedro, parecían volar en el aire por encima de sus manos. Mientras Paula miraba, los objetos subían y bajaban, subían y bajaban, haciendo un movimiento elíptico en el aire.
-Hago malabares -contestó Pedro, sin apartar la mirada de los objetos.
-¿Por qué?
-Pienso mejor de esta forma.
-Oh -Paula encontró aquellos movimientos extrañamente fascinantes. Tras observar unos momentos más, preguntó-: ¿Tienes otros talentos ocultos?
Pedro le dedicó una sonrisa burlonamente maliciosa.
-Unos cuantos.
Por algún motivo, Paula se ruborizó intensamente. Se volvió para ocultar su rostro.
-¿Qué vamos a hacer ahora? -preguntó, simulando mirar por la ventana para admirar el brillo de la luna en el río.
Oyó que Pedro volvía a dejar los objetos en la estantería.
-Vamos a acostarnos -contestó él.
Paula se volvió con rapidez. Sin duda, no querría decir...
La expresión de Pedro era de total inocencia.
-Ninguno de los dos ha dormido demasiado la pasada noche -añadió-. Podremos pensar con más claridad cuando hayamos descansado. Yo ocuparé el dormitorio de invitados. Tú puedes dormir en el de Stephanie.
Parecía disfrutar haciendo que se sonrojara, pensó Paula, enfadada con la facilidad con que lo lograba. Siempre se había considerado inmune a las sugerencias e indirectas de doble sentido.
No le gustaba la idea de utilizar la cama de la otra mujer. Y odiaba la idea de tener imágenes mentales de Pedro compartiéndola con una bella pelirroja.
«Tienes que dejarte de tonterías de una vez por todas, Paula», se reconvino.
-Tal vez sería mejor que tú ocuparas la habitación de Stephanie -dijo-. Después de todo, ella es tu amiga.
Pedro negó con la cabeza.
-Siempre utilizo la habitación de invitados cuando vengo -contestó-. La considero más o menos mía.
Sus palabras sólo sirvieron para confundir aún más a Paula respecto a su relación con la ausente Stephanie.
-Necesitarás algo que ponerte para dormir -continuó Pedro-. Steph tiene camisones en algún lugar de su inmenso armario.
-¿Te importaría mucho que volviera a usar tu chándal? -preguntó Paula-. Era muy cómodo.
La sonrisa de Pedro tuvo un matiz de ternura que hizo que las manos de Paula temblaran durante un momento.
-No, cariño. No me importa lo más mínimo. Voy por él.
Paula necesitó los cuatro minutos que Pedro estuvo fuera para recuperarse de su sonrisa.
Aquella no era forma de mantener una adecuada distancia emocional con él.
Pedro volvió con el chándal y un par de calcetines blancos limpios. Se los entregó a Paula y preguntó:
-¿Necesitas algo más?
-No, gracias.
Pedro pareció repentinamente reacio a dejarla ir.
-¿Estarás bien sola?
Ella hizo una mueca.
-Llevo mucho tiempo durmiendo sola, Pedro.
Él asintió.
-Sólo pensaba... bueno, con todo lo que ha pasado sería comprensible que estuvieran un poco nerviosa.
-Estoy bien -repitió Paula.
-¿Me avisarás si necesitas algo?
-Serás el primero en saberlo -aseguró ella, irónicamente. Como si hubiera alguien más a quien decírselo.
-Y si tienes otra pesadilla...
-Pedro -interrumpió ella-. Estoy bien. En serio. No habrá más pesadillas.
-¿Estás segura?
-Estoy segura. Ahora vete a la cama. Descansa.
Pedro se inclinó y la besó suavemente en los labios.
-Buenas noches, Paula.
-Buenas noches, Pedro-replicó ella con voz ligeramente ronca.
-Paula.
El sonido de su nombre penetró el sueño de Paula. Abrió los ojos y casi gimió al ver a Pedro sentado en el borde de la cama. La habitación estaba en penumbra, pero había suficiente luz como para verlo con claridad. Tenía el pelo revuelto y no llevaba nada excepto unos pantalones de chándal.
Paula apartó rápidamente la mirada de su pecho desnudo. Los detalles de su sueño regresaron con demasiada realidad, haciéndola ruborizarse.
-Por favor, no me digas que he vuelto a hablar en sueños.
Pedro alargó una mano y le apartó un mechón de pelo de la frente.
-No. Sólo parecías inquieta. Temía que estuvieras teniendo otra pesadilla.
No había sido una pesadilla. Pero Paula no tenía intención de contarle a Pedrola clase de sueño que había tenido, ni que él había tenido un papel estelar en él.
-¿Qué hora es? -preguntó.
-Poco más de las seis.
Paula hizo una mueca.
-Lo siento, Pedro. No dejo de perturbar tu sueño.
-En más sentidos de los que crees - murmuró él, acariciándole la mejilla.
Paula tragó con esfuerzo y tomó el vaso de agua que había en su mesilla de noche. Intensamente consciente de la mirada de Pedro, dio un sorbo.
-¿Mejor? -preguntó él, quitándole el vaso de la mano para dejarlo en la mesilla.
Ella asintió.
-Estaba sedienta.
Pedro frotó con el pulgar una gota de agua de la comisura de los labios de Paula, que sintió un inmediato cosquilleo por todo el cuerpo. El sueño erótico que acababa de tener hizo eco en su mente mientras lo miraba, muy consciente de que estaban a solas en el dormitorio, a escasos centímetros uno del otro, de que sólo haría falta una pequeña seña para que Pedro se acostara junto a ella.

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Aca los dos capitulos del cia! Espero que les gusten! Comenten! tw @floor_pauchaves