jueves, 12 de marzo de 2015

Capitulo 14 -Aventura De Amor-

Paula no recordaba haberse quedado dormida. Pero despertó acurrucada en medio de la cama. Pedro no estaba en la habitación. Miró el reloj y comprobó que había dormido un par de horas. Apartó un poco las cortinas para mirar al exterior.
Incluso a través de la intensa lluvia, pudo ver que la furgoneta no estaba. Pedro la había dejado sola.
Sintió un momentáneo pánico. ¿Cómo podía haberle hecho aquello?
Entonces, el sentido común se sobrepuso lentamente a su miedo.
Pedro no la dejaría. No sabía a dónde había ido, ni cuándo volvería... pero sabía que volvería. Le había pedido que confiara en él. Y, tal vez de modo irracional, confiaba plenamente en él.
Trató de ser paciente hasta su regreso. Encendió la televisión y no encontró nada que atrajera su interés. Pensó en la novela a medias que tenía en la mesilla de su apartamento. Durante las dos semanas pasadas no había sido capaz de concentrarse lo suficiente como para disfrutar leyendo, pero si la tuviera ahora...     
No, tal vez no. No creía que una novela de misterio sobre un terrible asesinato le conviniera en esos momentos.
Se fijó en la bolsa de viaje que se hallaba a los pies de una de las camas. Dudaba que Pedro tuviera un libro dentro, pero supuso que no haría ningún daño comprobándolo. No tenía nada más que hacer. No creía que a Pedro le importara.
No encontró un libro. Lo que si encontró fue un montón de tarjetas de identificación sujetas con una goma, todas con la fotografía de Pedro. Cada tarjeta tenía un nombre diferente.
De algún modo, resultó inevitable que Pedro eligiera precisamente aquel momento para volver. Paula aún tenía las tarjetas en la mano cuando entró en la habitación.
-Estaba buscando algo que leer -dijo, tratando de no mostrarse avergonzada.
Pedro se quitó el sombrero, mirando las tarjetas de identificación, sin mostrar ninguna sorpresa por haber encontrado a Paula husmeando en sus cosas.
-¿Has encontrado algo interesante?
Ella se encogió de hombros y volvió a guardar las tarjetas en la bolsa.
-No especialmente.
Pedro dejó su sombrero en la cómoda y se pasó una mano por el pelo.
-Me gustaría que dejara de llover -dijo-. Casi me ahogo ahí fuera.
-¿Dónde has estado? -preguntó Paula, tratando de hablar en tono despreocupado.
-He vuelto a Atlanta para hacer algunas llamadas desde una cabina. En tu apartamento salió el contestador. O se han ido, o están vigilando las llamadas a través de éste. En cualquier caso no es conveniente que vayamos allí.
A pesar de que hacía menos de veinticuatro horas que había dejado el apartamento, a Paula ya le parecían días. Pensó con añoranza en su ropa, en sus cosas, en su propia cama...
-¿Has echado una buena siesta? -preguntó Pedro, sonriendo-. Estabas profundamente dormida cuando me he ido y no he querido despertarte.
-Sí, me siento mucho más descansada, gracias. Pero... podías haberme dejado un nota o algo parecido -Paula no pudo evitar reprenderlo-. Cuando me he despertado y he visto que no estabas, me he preocupado un poco.
Pedro frunció el ceño, mirándola con gesto interrogante.
-No habrás pensado que te había dejado aquí, ¿no?
-Sólo lo pensé un momento. Pero enseguida supe que volverías.
-Gracias por confiar en mí -dijo él con suavidad.
Paula se encogió de hombros y cambió de tema.
-¿Has encontrado a tu amigo de la compañía de seguros?
La seria expresión de Pedro le hizo saber que no le iba a gustar su respuesta.
-Sí -contestó él.
-¿Y?
-No sabe nada sobre lo que nos ha pasado. Asegura que no tenía ni idea de que me habían pedido que interviniera en el caso Willfort. Según él, no había motivos para creer que hubiera más en éste de lo que Willffort había informado a la policía. Y nunca había oído el nombre del supuesto empleado de la compañía de seguros que se puso en contacto conmigo.
-¿Le crees?
-Sí -contestó Pedro de mala gana-. Le creo. Lo que significa que he sido un completo *******.
Paula sintió el inmediato impulso de defenderlo.
-¿En qué sentido?
-No verifiqué la información -admitió él-. Siempre verifico cada caso. Pero esta vez acepté las instrucciones del individuo que llamó y las seguí sin cuestionármelas. Encima te involucré en el asunto sin saber en qué me estaba metiendo. No sé cómo decirte cuánto lo siento.
-No tienes nada de qué disculparte. Ya me dijiste que no tenías idea de que este caso podía resultar peligroso cuando me pediste que te ayudara.
-Sólo buscaba una excusa para sacarte de casa -admitió Pedro, sorprendiendo a Paula-. Pensé que podías acompañarme a la galería, para dar más verosimilitud a mi presencia en ella, y que luego podríamos ir a cenar. No esperaba estar en la galería más de media hora; lo suficiente para reunirme con mi contacto y dejar que me entregara un sobre.
-Debo admitir que me sentí un poco sorprendida cuando apareciste en mi apartamento --dijo Paula, sintiéndose de pronto un poco tímida-. Lo cierto es que no nos conocíamos demasiado.
Pedro no sonrió cuando la miró, y algo en sus ojos hizo que los latidos del corazón de Paula se aceleraran.
-Ésa era una situación que siempre había esperado remediar.
De pronto, Paulasintió dificultades para respirar normalmente. ¿Pedrose había interesado en ella antes de que la echaran del bufete? Siempre se había dicho que las sonrisas y bromas que le prodigaba cuando se detenía junto a su escritorio habían sido sólo un detalle de amabilidad; que para él no era más especial que el resto de los asociados del bufete, a los que siempre saludaba con igual encanto.
¿Sería cierto que se había fijado en ella de modo especial?
Pedro exhaló el aire y apartó la mirada, rompiendo el repentino silencio que se había producido entre ellos.
-Este no es momento para entrar en ese tema -dijo--. Antes tenemos que salir de este lío.
Paula trató de hablar normalmente.
-¿Qué hacemos ahora?
-Sigo pensando que los cuadros robados son la clave -murmuró Pedro, frotándose la parte trasera del cuello-. Si pudiéramos encontrar alguna pista, tal vez estaríamos más cerca de averiguar por qué quieren acusarnos de asesinato.
-«Ellos lo sabían» -murmuró Paula, recordando las últimas palabras del moribundo-. «Las pinturas eran...» ¿Qué? ¿Robadas? Todo el mundo sabía eso.
Pedro permaneció en silencio, pensativo.
Necesitando algo que hacer, cualquier cosa que la distrajera de la insinuación de Pedro sobre su interés por ella, Paula se ocupó en guardar cuidadosamente las cosas en la bolsa de viaje. El traje que Pedro había llevado la tarde anterior. El suyo, ahora totalmente arrugado.
Cuando tomó la chaqueta, recordó que había guardado el collar de perlas en uno de los bolsillos y de pronto sintió la necesidad de asegurarse de que seguía allí. Metió la mano en el izquierdo, incapaz de recordar en cuál lo había guardado.
Pero, en lugar del collar de perlas, sacó un sobre arrugado.
Lo miró con gesto aturdido, sabiendo que no estaba allí cuando salió de su casa para ir a la galería. De pronto, lo sostuvo ante sí como si fuera a estallar en su mano.
-¿Qué sucede? -preguntó Pedro tras ella-. ¿Qué es lo que tienes en la mano?
Paula se volvió.
-He encontrado esto en el bolsillo de mi chaqueta -dijo-. No estaba ahí cuando me puse el traje.
Pedro miró atentamente el sobre. ¿Estás segura?
-Totalmente. No sé de dónde ha salido. -¿Te importa que lo mire?
Paula se lo entregó. Pedro lo estudió unos momentos. Era un sobre de tamaño normal, sin nada escrito en el exterior. Sacó una navaja de su bolsillo y lo abrió cuidadosamente. Extrajo dos hojas del interior y las hojeó atentamente.
Un momento después, maldijo entre dientes.
-¿De dónde ha salido esto?
-No lo sé, ya te lo he dicho. Acabo de encontrarlo en el bolsillo de mi chaqueta. No sé quién lo ha puesto ahí, ni cuándo.
-Dijiste que te arrodillaste junto al hombre que encontraste en el suelo del despacho. ¿Pudo haberlo metido entonces en tu bolsillo?

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Aca los dos capitulos del dia! Espero que comenten1 Tw @floor_pauchaves

2 comentarios:

  1. ... me como las uñas !! cual sera la verdad de todo ? me encanta la intriga jajajajaj

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