-Así que eso es lo que tienes pensado.
Paula deseó saber qué diablos estaba pasando.
¿Quién era Jeremy? ¿Un chulo? ¿Qué tenía planeado exactamente Pedro?
-Ya he hablado con Jeremy -dijo Pedro-. Es la mejor oportunidad que voy a tener.
Tomó el periódico de la mañana que había sobre la mesa y lo acercó a Paula, señalando un artículo.
Ella leyó la columna, que mencionaba una fiesta benéfica que iba a tener lugar el viernes por la tarde en..la mansión del millonario filántropo C. Jackson Willfort. La actuación principal correría a cargo del famoso mago Jeremy Kane. Las invitaciones costarían quinientos dólares y los beneficios serían donados a una casa de acogida de mujeres maltratadas. Se esperaba que asistieran doscientas personas.
-¿Vas a tratar de conseguir unas invitaciones? -preguntó Paula.
-No exactamente -murmuró Pedro.
-Planea ir de incógnito -explicó Stephanie, un poco preocupada-. Tú serás una de las asistentes del mago. Y él... ¿Qué, Pedro? ¿Irás de técnico?
Él asintió.
-Algo así.
Paula estaba aturdida.
-¿Yo? ¿La asistente de un mago? ¿Una de las pelirrojas de Jeremy Kane? ¡Eso es una locura, Pedro!
-Es la única manera que tenemos de averiguar por nuestra cuenta qué está pasando, Paula-dijo Pedro-. He llamado a mi contacto en Atlanta y la policía sigue buscando una pareja que encaja con nuestra descripción y a la que relacionan con el robo de la Pryce Gallery. Aún no tienen nuestros nombres, probablemente porque quienes dispararon a Botkin quieren encontrarnos antes. Sospecho que están vigilando tu apartamento, y a tu familia, tal vez. Podríamos llamar al departamento de policía de Atlanta para decirles que se produjeron disparos durante la inauguración de la exposición y que nosotros no tuvimos nada que ver en ello. Pero no tenemos pruebas de que Willfort esté implicado en el asunto, a menos que encontremos los cuadros en su posesión.
-No sabemos con certeza si Willfort está implicado -no pudo evitar señalar Paula. Algo en la expresión de Pedrole hizo ver que esa mañana había averiguado más de lo que le había contado-. ¿Qué sucede? -preguntó-. ¿Qué más sabes?
-Sé que tu agua está hirviendo -dijo él, apartando la mirada-. Será mejor que pongas la pasta a cocinar. Yo voy a lavarme.
-Pedro... -dijo Paula, pero él ya había salido de la cocina.
-¿No te apetece estrangularlo a veces? - preguntó Stephanie.
Resistiendo el impulso de salir tras Pedro para exigirle que le contara todo lo que había averiguado, Paula se volvió de mala gana hacia la otra mujer.
-Sí -contestó-. Bastante a menudo.
Stephanie contempló pensativamente el rostro de Paula. Luego, sonrió y cambió rápidamente de tema de conversación.
-Esto es una locura. No va a funcionar.
-Confía en mí, Paula -dijo Stephanie-. Cuando haya terminado contigo, no habrá quien te reconozca. Y ahora, echa la cabeza atrás para que pueda aclararte el pelo.
Desde que Pedro la había convencido para que los ayudara,. Stephanie se había mostrado entusiasmada con el proyecto. Paula no quería cuestionar los motivos de la otra mujer, pero le preocupaba el aspecto que iba a tener cuando acabara con ella.
Lo cierto era que Stephanie le gustaba. Era amistosa, divertida e inteligente, y había sido muy generosa con su casa y sus posesiones. Era evidente que estaba muy unida a Pedro, pero empezaba a dudar que fueran amantes. ¿Cómo iba a aceptar Stephanie con tanta facilidad su presencia si estaba enamorada de Pedro?
Stephanie se negó a permitir que se mirara en espejo.
-Te verás cuando haya acabado -dijo, mientras tomaba unas tijeras.
Paula se mordió el labio inferior.
-Um... Stephanie...
-Confía en mí. Sé lo que hago.
-Esto no va a funcionar -insistió Paula-. No vas a poder cambiarme lo suficiente como para que no me reconozcan los hombres que nos persiguen.
-Por si acaso, no apuestes por ello -aconsejó Stephanie, y a continuación dio el primer corte al pelo de Paula.
-Aunque puedas cambiar mi aspecto, no tengo idea de cómo ser la ayudante de un mago.
-Hace diez años que trabajo de vez en cuando con Jeremy Kane -dijo Stephanie con firmeza-. Yo te ayudaré. Y Jeremy se hará cargo de que parezca que sabes perfectamente lo que haces. Es un tipo brillante.
-Pero... -un mechón de pelo cayó en el rostro de Paula.
-Será mejor que cierres la boca antes de que te entre pelo en ella -sugirió Stephanie, animadamente-. Deja de preocuparte, Paula. Lo harás muy bien.
Una hora después, Stephanie ayudó a Paula a ponerse un ceñido vestido negro que contorneaba sus curvas a la perfección. Había rizado y cardado su pelo y la había maquillado, pero aún no le había permitido mirarse en el espejo.
Finalmente, se apartó para dejar que se viera.
Paula se quedó boquiabierta al mirar su reflejo.
-¿Qué te parece? -preguntó Stephanie.
-Me parece que hay una desconocida oculta en tu espejo -dijo Paula, asombrada.
La mujer reflejada no podía ser ella. Su pelo rizado, color cobre oscuro, enmarcaba coquetamente su rostro. En cuanto a éste... bastaba decir que Stephanie era una artista del maquillaje, pensó Paula, maravillada. Sus ojos azules, habitualmente nada espectaculares, habían sido pintados de manera que parecían enormes y seductores. Sus pómulos parecían más prominentes. Su boca, pintada de rojo intenso, parecía más carnosa.
La cantidad de piel que dejaba ver el vestido negro habría hecho que su madre se escandalizara y que su padre fuera corriendo a por una manta para cubrirla. Paula ni siquiera sabía que tenía algo que mostrar con un escote como aquél, pero así era.
-Estás preciosa -dijo Stephanie, orgullosa.
-Tienes razón -replicó Paula, aún aturdida-. Lo estoy -¿y cómo diablos le había pasado aquello a la normalucha Paula Chaves?
Stephanie rió.
-Espera a que Pedro te vea. Ya piensa que eres preciosa, pero cuando te vea así se va a quedar de piedra.
Paula se ruborizó bajo la pintura.
-Pedro y yo no somos... quiero decir que apenas nos conocemos. Sólo es amos unidos temporalmente debido a las circunstancias.
Stephanie gruñó con delicadeza.
-He visto cómo te mira, Paula. Entre vosotros hay algo más que las «circunstancias».
El rubor de Paula se intensificó al recordar los besos que había compartido con Pedro esa mañana... en la cama de Stephanie.
Ésta volvió a reír.
-Lo sabía -dijo, aparentemente encantada-. ¡Hay algo en marcha! Me encanta ver a Pedro tan afectado, para variar. Le sienta bien.
Paula se volvió, totalmente confundida.
-Entre Pedro y yo no hay nada, pero... ¿de verdad no te importaría que lo hubiera? ¿Él y tú no sois...?
Stephanie suspiró pesadamente.
-A veces me gustaría estrangularlo. Pedro es mi hermano.
Una vez más, Paula se quedó boquiabierta.
-¿Tu...?
-Hermano -repitió Stephanie con claridad-. Tiene cinco años más que yo. Se ocupó de mí desde que mis padres murieron, cuando yo tenía diez y él quince.
Paula movió la cabeza.
-No lo sabía. No me lo había dicho.
-No se lo decimos a mucha gente. Desde que me vi accidentalmente involucrada en uno de los casos de Pedro, hace mucho tiempo, y estuve a punto de ser secuestrada por un tipo que pretendía evitar que mi hermano hiciera pública cierta información que lo perjudicaba, Pedro piensa que es más seguro que nadie sepa que tiene una hermana. Debería haberte dicho la verdad. No sé por qué no lo ha hecho, pero yo me niego a mentirte. Me caes muy bien.
El tono desafiante de la voz de Stephanie podría haber resultado divertido si Paula no hubiera estado completamente anonadada por lo que acababa de oír.
-Tu hermano -repitió, repasando mentalmente todo lo que había pasado desde que Pedro y ella habían llegado a Savannah.
Él debía de saber lo que había estado pensando, decidió, sintiéndose repentinamente furiosa. Debía haberse dado cuenta de que ella había malinterpretado el hecho de que tuviera la llave del apartamento de Stephanie. Y le había dejado seguir pensando aquello incluso después de haberla besado como lo había hecho. La había dejado sintiéndose culpable y confundida, y le había hecho sentirse muy incómoda cuando Stephanie se presentó en la casa.
Sintió deseos de estrangularlo.
Miró el rostro de Stephanie en busca de rasgos familiares. Ahora que sabía la verdad, no le costó encontrarlos.
¿Por qué no le había dicho Pedro la verdad?
Stephanie tocó la mano de Paula.
-Sé que lo que haya entre vosotros no es asunto mío. Pero... bueno, lo cierto es que Pedro lleva mucho tiempo solo. Estaba deseando que encontrara alguien como tú. Lo quiero mucho y quiero que sea feliz.
-Lo supongo -replicó Paula, sintiendo que el estómago se le encogía-. Pero, por favor, no empieces a hacer de casamentera. Este no es el momento más adecuado.
Stephanie asintió.
-Primero tenéis que aseguraros de poneros a salvo, por supuesto. Pero eso no quiere decir que no pueda tener esperanza para más adelante -antes de que Paula pudiera decir algo, añadió-: Ahora tengo que irme, así que esta noche estaréis solos. Toda la noche.
Paula giró los ojos en las órbitas.
-¡Stephanie!
La hermana de Pedro sonrió.
-Sólo he pensado que debías saberlo. Además, es cierto que estás preciosa. Harás que la cabeza de Pedro se ponga a dar vueltas... y eso le hará bien. Si estuviera en tu lugar, yo le haría sudar un poco como castigo por haberte mentido.
-En realidad no me mintió -murmuró Paula.
-Pero tampoco te dijo la verdad.
-No -y le había hecho creer que la mantendría informada de todo, pensó Paula, irritada. Sin embargo, apenas le había contado nada desde que estaban en Savannah.
Cada vez se sentía más enfadada. Pedro se merecía que le hiciera sudar. Desafortunadamente, Paula nunca había desarrollado las habilidades requeridas para hacer que un hombre se volviera de gelatina.
Sin embargo, la mujer del espejo... Contempló pensativamente su reflejo mientras Stephanie salía de la habitación.
Continuaraaaaa!! Aca les dejo 3 capitulos! Espero que comenten! Porfiii! tw @Floor_PauChaves
Cada vez más linda esta historia. Buenísimos los caps de hoy!!!
ResponderEliminarSegui subiendo!! Me quede intrigada!
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