viernes, 13 de marzo de 2015

Capitulo 16 -Aventura De Amor-

-Una amiga-. Paula se sorprendió un poco ante su inmediata reacción al oír aquella palabra y las preguntas que pasaron al instante por su cerebro. Preguntas que no eran asunto suyo.
«Concéntrate en lo que estás haciendo, Paula».
-¿Tienes... la llave? -preguntó, en tono forzadamente despreocupado.
-Sí. Me dio una para emergencias como ésta.
Evidentemente, Pedro no llevaba una vida tan solitaria como Paula había imaginado.
Quince minutos después, entraban en un piso maravillosamente amueblado y con una vista del río Savannah que quitaba el aliento.
-Es precioso -murmuró Paula.
Pedro parecía sentirse a sus anchas mientras arrojaba su sombrero vaquero sobre una mesa baja.
-Stephanie sabe cuidarse.
-Stephanie.
-Es muy... amable por su parte dejar que nos quedemos aquí.
Pedro asintió.
-Voy a ducharme y a cambiarme antes de hacer unas llamadas. Instálate como si estuvieras en tu casa, ¿de acuerdo? En el frigorífico habrá algún zumo y refrescos. También hay una televisión en el armario si te apetece verla.
Paula no encendió la televisión ni abrió el frigorífico cuando Pedro desapareció. En lugar de ello, salió al balcón, donde pudo disfrutar del agradable olor que había dejado la lluvia en el ambiente y pensar en todo lo sucedido.
Apenas era consciente del tiempo que había pasado cuando Pedro habló tras ella, sobresaltándola.
-Se está bien aquí fuera, ¿verdad?
-Sí, es...
Paula se volvió, quedándose muda al ver que que Pedro llevaba una camisa azul, pantalones grises y tirantes grises. También se había cambiado de calzado, y ahora, en lugar de las botas llevaba unos mocasines negros. No había duda de que la ropa era suya. Y no la llevaba en su bolsa de viaje.
Haciendo un esfuerzo, logró sonreír.
-Sí -repitió-. Es un lugar precioso.
Pedro se apoyó contra el marco de la puerta y se cruzó de brazos.
-Me gustaría llevarte a cenar -dijo. Paula alzó las cejas.
-Así fue como empezó este lío.
Pedro sonrió forzadamente.
-Lo sé. Y ésta es otra cena de trabajo.
-¿Con otro de tus extraños amigos?
-Me temo que sí.
Paula se pasó las manos por los vaqueros.
-Espero que no vayamos a ningún sitio demasiado elegante -murmuró, sintiéndose mal vestida en comparación con Pedro. —Querrás cambiarte.
-Tengo el traje que llevé ayer ---,dijo Paula-. Está muy arrugado, pero seguro que en esta casa habrá una plancha.
Pedro negó con la cabeza.
-Aquí encontraremos algo para ti. Stephanie y tú sois más o menos de la misma talla, aunque ella es un poco más alta.
-No quiero husmear en los armarios de tu amiga, Pedro-protestó Paula, espantada ante la mera idea de hacerlo.
-A ella no le importará.
Paula negó con la cabeza.
-No.
Pedro alargó sus manos, tomó las de Paula y le acarició el dorso de ambas con los pulgares.
-Vamos -dijo-. Seguro que encontramos algo que te siente bien.
-En serio, Pedro, yo...
Pero él ya se estaba moviendo, tirando con suavidad de ella y hablando sin cesar para desconcertarla. Una vez en la habitación, abrió la puerta de un armario que era más grande que todo el dormitorio de Paula en Atlanta. Se quedó boquiabierta.
Nunca había visto tanta ropa en su vida. Sedas, satenes, lentejuelas, ropa informal, deportiva, de vestir, cientos de pares de zapatos cuidadosamente ordenados en una pared llena de cubículos...
-Se nota que a tu amiga le gusta la ropa - dijo, débilmente, consciente de la simpleza de su comentario.
Pedro ya estaba rebuscando en las baldas.
-La ropa tiene mucha importancia en su profesión. Es modelo.
«Cómo no», pensó Paula.
-De todos modos, no puedo utilizar sus cosas así como así. Eso sería ir más allá de las fronteras de la mera hospitalidad.
-Confía en mí; no le importará. ¿Quieres que la llame para que te lo diga personalmente?
-¡No! Quiero decir...
Pedro volvió a tomarla de las manos y le dedicó una de sus devastadoras sonrisas.
-Cariño, ahora mismo no tengo tiempo de ir de compras. Ponte esta tarde algo de Stephanie y trataremos de conseguir algo más mañana por la mañana, ¿de acuerdo?
Hacía que sonara tan lógico..., pensó Paula. Como si hubiera sido totalmente infantil e irrazonable que se negara. Y la forma en que le sostenía las manos y la miraba producía el efecto de una especie de cortocircuito en su cerebro.
Suspiró.
-De acuerdo. Pero sólo esta noche.
Pedro deslizó los labios por los nudillos de una de sus manos, provocándole un cosquilleo que le llegó hasta los pies. Sus miradas se encontraron sobre sus manos enlazadas, y Paula se quedó sin aliento. Entreabrió los labios involuntariamente, esperando el beso que parecía inevitable.
Entonces, Pedro dejó caer las manos y se volvió hacia el armario.
-De acuerdo, estamos buscando algo bonito y elegante, pero sin exagerar. Los trajes pantalón no te vendrán bien, porque Stephanie tiene las piernas más largas que tú.
Aún sin aliento debido a aquel momento de pura conciencia sexual, Paula se sobresaltó ante el recuerdo de dónde estaban y por qué.
Pedro sacó un vestido de punto color verde esmeralda. Probablemente sería corto como una minifalda en las largas piernas de Stephanie, pero en Paula resultaría más discreto. Y el tejido hacia que la talla no resultara demasiado importante.
Ella asintió, aún reacia.
-Es bonito.
-A Steph le gusta mucho el verde. Es pelirroja y le sienta muy bien.
Paula se dijo que era muy inmaduro por su parte sentir animosidad hacia una mujer que ni siquiera conocía, sobre todo teniendo en cuenta que le había ofrecido su casa y su vestuario... aunque ella no lo supiera.
Pedro ya estaba rebuscando entre los zapatos.
-Tengo los míos -dijo Paula, rápidamente-. Están en la furgoneta.
Pedro asintió.
-Iré por ellos mientras te cambias. Date una ducha si quieres. En el baño hay todo lo que puedas necesitar.
Cuando, unos minutos después, Paula entró en el baño del dormitorio, se sintió poseída por una especie de temeraria expectación que la sorprendió. ¿Quién habría podido imaginar que la idea de ir con un vestido prestado a investigar un robo de obras de arte que podía estar conectado con un asesinato le resultaría tan estimulante y emocionante? Pero sabía que, en parte, aquel sentimiento de euforia también se debía a que estaba con Pedro. 
Medio en serio, medio en broma, se preguntó si todo lo sucedido habría afectado su capacidad de razonar. Porque, en todo lo referente a Pedro, cada vez le resultaba más difícil comportarse como la mujer cautelosa y razonable que siempre había creído ser.

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Aca los dos caps del dia! Espero que les gusten! Comenten porfas! Tw @floor_pauchaves

3 comentarios:

  1. Muy buen cap!! Me encanta pau celosa y pp contenedor...mimiroxb

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  2. Esta genial la historia, diferente, llena de intriga y con mis protagonistas preferidos !!!

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