Tenía el pulso acelerado cuando se apartó. Los ojos de Paula parecían grandes como platos. Dio un paso atrás, alejándose de la zona de peligro.
-De nada -dijo, con voz ronca-. Y ahora, ve a vestirte antes de que olvide que te he dicho que puedes confiar en mí.
Paula no perdió un segundo en entrar en el baño.
Pedro se pasó una mano por el pelo y perdió unos minutos llamándose todos los sinónimos que encontró para «loco». Luego, sacó los bollos y el café de la bolsa.
Tenían un largo día por delante, sin tiempo para distracciones. Una vez que averiguara qué estaba pasando y tuviera todo bajo control... bueno, entonces vería si Paula Chaves seguía considerándolo dulce.
Paula evitó mirar a Pedro a los ojos mientras desayunaban. Debía pensar que era idiot.a. No podía creer que se hubiera emocionado tanto por unos simples cosméticos. No solía llorar así como así. Debía de estar más cansada de lo que creía.
En cuanto al beso... en esos momentos ni siquiera podía pensar en él.
Tras desayunar, Pedro tomó una ducha mientras Paula se secaba el pelo y se maquillaba un poco. Cuando abrió su cepillo de dientes rosa y volvió a sentir deseos de llorar, se dijo que sólo era debido a la tensión y al agotamiento.
Trató de no escuchar el sonido del agua corriendo en la ducha. Trató de apartar de su mente las imágenes de Pedro desnudo en la bañera. Pero era imposible olvidar la sensación de sus labios presionados contra los de ella.
«No hagas esto, Paula»
No estaba en posición de relacionarse sentimentalmente con nadie, y menos aún con un enigmático, impredecible y aventurero investigador privado. Incluso antes de perder su trabajo, cuando veía a Pedro ocasionalmente y percibía la atracción que sentía por él, sabía que era una locura. Un enérgico investigador privado no podía sentir el más mínimo interés por una abogada especializada en impuestos con un trabajo rutinario.
Nunca había aprendido a flirtear, algo que Pedro hacía con una habilidad y entusiasmo que eran indicio de exitosa práctica. Ella ni siquiera tuvo un novio fijo en el colegio. Su prima Savannah, que era la capitana del equipo de animadoras y extremadamente popular entre los chicos, la acusaba de intimidar a estos con su cerebro y su ambición.
Aunque saber flirtear tampoco le dio muy buenos resultados a Savannah, pues terminó embarazada e ignominiosamente plantada por su novio a los diecisiete años. Siendo testigo de la humillación de su prima, Paula se dijo que no estaba interesada en salir seriamente con ningún chico... y luego trató de creerlo.
Terminó sus estudios en tres años y luego fue aceptada en Harvard. Después de mucho estudiar, terminó la carrera de Derecho y recibió una oferta para trabajar en un importante bufete de Atlanta.
Salía de vez en cuando con hombres, por supuesto. Incluso trató de tener una relación seria con un joven abogado cuya ambición igualaba la suya... tal vez demasiado, pues fueron los celos que él sentía por los éxitos de Paula lo que acabó apartándolos.
Pero no estaba preparada para permitirse una aventura con Pedro. Desde su punto de vista, lo único que podía sacar de ello era un corazón destrozado y otro devastador golpe a su ya vapuleado ego. Tal vez, si hubiera aprendido a flirtear, si supiera cómo disfrutar de. las atenciones de Pedro sin leer demasiado en ellas, o sin esperar demasiado...
Si fuera tan arriesgada y aventurera como él... Pero no lo era.
De manera que nada de besos, se dijo con firmeza.
A falta de un bolso adecuado, guardó los cosméticos en la bolsa de plástico azul en la que Pedro se los había entregado. Se preguntó si debería lavar a mano su ropa interior usada y dejarla a secar en la barra de la ducha. No sabía cuánto tiempo pensaba quedarse allí Pedro.. Esperaba que no mucho. La habitación ya empezaba a resultarle demasiado pequeña.
Oyó que se abría la puerta del baño y se volvió automáticamente. Pedro salió con los vaqueros y la camisa que llevaba antes de entrar. Tenía el pelo mojado y aún no se había abrochado la camisa, que colgaba suelta sobre sus vaqueros revelando su firme y aún húmedo pecho. Y Paula sintió que las rodillas se le derretían.
Desesperada, pensó que había partes de su cuerpo que aún no habían captado que aquel hombre estaba fuera de su alcance.
-He estado pensando -dijo Pedro, aparentemente ajeno a la reacción de Paula ante su presencia-. Las pinturas robadas pueden ser la clave para averiguar lo que está pasando. Si podemos encontrarlas, tal vez encontremos algunas respuestas.
Paula se aclaró la garganta.
-¿Y qué sugieres que hagamos?
-Tengo un amigo... -Pedro se pasó una mano por la barbilla recién afeitada y frunció el ceño, mirando pensativamente a Paula-. Será mejor que tú te quedes. Aquí estarás más segura.
Paula no estaba dispuesta a quedarse en aquella claustrofóbica habitación mientras Pedro iba en busca de pistas. Movió la cabeza.
-No.
-Paula...
-No, Pedro. Me volvería loca aquí sola, preguntándome dónde estarías y cuándo volverías. Preguntándome si la próxima vez que llamaran serías tú o el hombre de la pistola. Vayas donde vayas, yo voy contigo.
Pedro suspiró.
-No puedo culparte. A mí tampoco me gustaría quedarme.
Paula asintió, aliviada.
-¿Y ahora qué?
Pedro miró su reloj.
-Aún es temprano. Tal vez podamos encontrar a Spider antes de que empiece su jornada.
Paula supuso que Spider era el amigo que había mencionado antes.
Tras peinarse y abrocharse la camisa, Pedro se sentó en su cama y sacó de la mesilla de noche una funda de cuero de extraño aspecto con unas tiras elásticas. Luego subió la pierna izquierda de sus vaqueros.
Paula observó con curiosidad cómo sujetaba la funda a su pierna.
-¿Es un... cuchillo? -preguntó, fijándose en el mango negro que sobresalía de la funda.
Sin responder de inmediato, Pedro se puso las botas, asegurándose de que el mango resultara accesible. Luego volvió a bajar la pernera y miró a Paula.
-Nunca viene mal estar preparado -dijo, confirmando su suposición.
Paula se recordó que había insistido en que la llevara con él.
Pedro reunió cuidadosamente todo lo que había llevado al motel y lo guardó en su bolsa de viaje. Lo que no cupo en ésta lo guardó en las bolsas de plástico. Para cuando cargó todo en la furgoneta, no quedaba ninguna prueba de que hubieran pasado por allí.
-¿No vamos a volver? -preguntó Paula. Pedro negó con la cabeza.
-No. Incluso aunque tuviéramos que pasar otra noche en un motel, prefiero que sea otro.
Paula miró a su alrededor con cierto pesar antes de seguir a Pedro. Tal vez fuera una habitación pequeña y austera, pero era segura. Y, de pronto, no sintió tanta prisa por irse.
----------------------------------
Aca los dos caps de hoy! Comenten porfasss! Tw: @Floor_PauChaves
----------------------------------
Aca los dos caps de hoy! Comenten porfasss! Tw: @Floor_PauChaves
Va subiendo la tensión!! Me encanta...mimiroxb
ResponderEliminarAyyyyyyyyy, qué geniales los 2 caps Flor. Cada vez más linda esta historia jaja
ResponderEliminarSe esta poniendo muy buena la historia, se me hacen cortos los cap
ResponderEliminar